"En este tiempo en el que saludamos a los primeros brotes de la primavera, en estas noches serenas, bañadas por pálidos tintes de luna y perfumadas con el aroma del azahar de nuestros naranjales, todos los oriolanos hemos oído con deleite ese conjunto de voces que, interrumpiendo el augusto silencio, entonan "La Pasión", canto extraño, composición musical que nos han transmitido nuestros abuelos de generación en generación, obra sencilla y hermosa cuyo autor se desconoce..."
PEPE TONEL
(Fragmento del Artículo "Crónica de la Pasión". "LA HUERTA". Diario oriolano. Nº285. 26 de Marzo de 1.908)
Siempre que se ha tratado de hablar sobre el tradicional canto de "La Pasión" y sus posibles orígenes, ha habido necesariamente que remontarse a lo ya sabido, por suficientemente publicado, de que esta ancestral composición nació, al parecer, en el oriolano convento de la Trinidad, hoy habitado por religiosas dominicas, en el siglo XVIII, según algunos estudiosos del tema, remontándose hasta el XV ó XVI otros, si bien, don Juan Orts Román, en su artículo "De la Semana Santa oriolana", publicado en la Revista de Semana Santa de 1.948, dice al respecto que, "considerando este canto como un motivo rancio, quizás medieval, es seguro que ha tenido su liturgia; una costumbre de uso o representación tradicional que se ha desvanecido con el tiempo, desfigurándose... Hay en estas coplas unos motivos que nos recuerdan ciertas notas medievales mozárabes de nuestro amado Misterio de Elche".
Todo ello, considerando el siglo XVIII como demasiado cercano para ser el origen del canto que nos ocupa. Corroborando lo anterior, el mismo Sr. Orts Román, en el dicho artículo, indica que estos cantos "sin duda habrían de ejercitarse en las sombras de la noche, pero en las esquinas, junto a los templos, en recorrido parecido al de la extinguida Cofradía del Pecado Mortal". Dicha Cofradía remonta sus orígenes a la época medieval.
Por otra parte, otros estudiosos hacen mención de la similitud existente entre "La Pasión" orcelitana y las coplas interpretadas en determinadas épocas del año por los conocidos "Auroros" de la vecina provincia de Murcia, como don Francisco Martínez Marín, en su "Libro de Oro de la Semana Santa oriolana" (1.985), que hace remontar a los mismos a los siglos finales del medievo, si bien, don Enrique González Semitiel sitúa el origen de los citados Auroros murcianos en siglos anteriores, afirmando así en cierto modo la opinión de Orts sobre el origen medieval de nuestras coplas pasionarias. Similitud de textos podemos encontrar también en unas muy antiguas coplas de carácter pasionario de la isla de Tabarca y en otros puntos de nuestra vecina geografía, sin que podamos saber de una manera clara y convincente las razones de este hecho.
Asimismo, don Vicente Perpiñán, Maestro de Capilla de la S. I. Catedral de Orihuela desde julio de 1.913, en un artículo publicado en el periódico local "El Pueblo de Orihuela", nº extraordinario dedicado a Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Abril de 1.926, titulado "El Canto de la Pasión en Orihuela", afirma que "estas melodías son eminentemente oriolanas: aún cuando no hemos visto el original, aunque con el transcurso del tiempo no podamos asegurar con certeza absoluta quién fuera el autor de tan sentida página musical, podemos, con la opinión de algunos, atribuirla a uno de los religiosos que habitaron el convento de la Trinidad; y, a verdad, muy bien pudo recoger esos suspiros del alma de nuestros antepasados y, con su pluma empapada en la misma sangre del Redentor, ofrendarlo a Orihuela, para que ella fuese el inmortal cantor de las tristezas y agonías de un Dios hecho Hombre y de las lágrimas de dolor de una Virgen Madre: oriolano es, pues, el origen de este canto".
Don Juan Sansano Benisa, en su libro "Orihuela. Historia, geografía, arte y folklore de su partido judicial." (1.954), al ocuparse en el capítulo 16º del canto de "La Pasión", lo remonta como muchos otros, al siglo XVIII.
Sea cual y cómo fuere el origen de este canto, es lógico pensar que el mismo está íntimamente unido a los gremios y cofradías que proliferaron en las lejanas épocas de la Edad Media y Moderna, haciendo de estas interpretaciones pasionales uno de sus más cuidados motivos. El que exista una similitud de texto con las coplas de las Campanas de Auroros o sea una reminiscencia de la Cofradía del Pecado Mortal, extinta seguramente cuando las reales prohibiciones de hacer penitencias públicas de forma excesiva o aparatosa, no es óbice para que un fraile trinitario recogiese la tradición, de alguna forma cercenada, de dicho canto, y con celoso ánimo, tratando de resguardarla del olvido, plasmara en un códice una de las más bellas páginas musicales de nuestro acervo cultural autóctono que, a través de muchas vicisitudes que más adelante expondremos, se ha tenido la suerte de poder recuperar para nuestros días.
La estructura del Canto de "La Pasión" es la siguiente:
1º.- "Jueves Santo".- Quintilla que siempre inicia el canto.
2º.- "Colativas".- Quintillas, en número de 6, llamándose tradicionalmente la última de ellas "Despedida". Se suelen interpretar indistintamente una o dos de ellas tras la 1ª parte.
3º.- "Ave María".- Musicalización, en el mismo estilo que impregna toda la composición, de la conocida oración católica.
Según determinados estudiosos del tema, tales como don Francisco Martínez Marín, Juan Sansano y otros, existía un cuarto motivo, que otros consideran realmente el tercero e incluyen entre las "Colativas" y el "Ave María", denominado "Seguidillas", de estructura parecida a las anteriores y de número desconocido. De este motivo no se tienen noticias más que a partir del año 1.952, en que el citado Sr. Martínez Marín dice en la Revista de Semana Santa que "se deben las mismas a la reconstrucción de los apuntes que conservaban los hijos de don José Casto Rodríguez, José y Genaro"; anuncia ese año su estreno, anuncio que reitera en la Revista de 1.953, si bien, en los periódicos de la época y hasta 1.965 no existe constancia de la interpretación de dicho motivo, siendo este último año citado el primero en que se tienen pruebas de dicha interpretación.